Un anillo planetario es un disco delgado de partículas que orbita un planeta dentro de su límite de Roche, la distancia a la que las fuerzas de marea impedirían que un satélite mediano sobreviviese intacto. Cada partícula sigue una órbita kepleriana independiente, formando estructuras complejas de bandas, huecos y arcos modeladas por la gravedad de pequeños satélites pastores.
Saturno es el ejemplo paradigmático, con un sistema de anillos visible incluso con telescopios pequeños. Los gigantes Júpiter, Urano y Neptuno también poseen sistemas, mucho más tenues, descubiertos en las décadas de 1970-80 por sondas y ocultaciones estelares. Sorprendentemente, en 2014 se descubrieron anillos alrededor del centauro Cariclo y, posteriormente, alrededor del planeta enano Haumea: los anillos no son exclusivos de planetas mayores.