Una conjunción es el alineamiento aparente de dos cuerpos celestes vistos desde la Tierra, cuando comparten aproximadamente la misma ascensión recta o la misma longitud eclíptica. Es un fenómeno de perspectiva: los cuerpos parecen rozarse sobre la esfera celeste, pero la separación real entre ellos puede ser de millones de kilómetros. Solo coinciden en proyección, igual que dos árboles a distinta distancia pueden alinearse para un observador situado en cierto punto. La conjunción no implica, por tanto, ninguna cercanía física ni interacción gravitatoria perceptible entre los objetos.
El término procede de la astronomía de posición. Cuando la coincidencia se mide en ascensión recta se habla de conjunción en ese sistema; cuando se mide en longitud eclíptica, de conjunción eclíptica. Ambas referencias rara vez coinciden de forma exacta, de modo que el instante de mínima separación angular —el momento más vistoso— puede diferir ligeramente del de la conjunción estricta. En la práctica divulgativa basta con que ambos objetos se vean juntos al amanecer o al anochecer para describir el encuentro como conjunción.
En los planetas interiores (Mercurio y Venus) se distinguen dos casos. En la conjunción inferior el planeta queda entre la Tierra y el Sol; si la alineación es lo bastante exacta puede producirse un tránsito, en el que el planeta se proyecta como un punto oscuro sobre el disco solar. En la conjunción superior es el Sol el que se interpone entre la Tierra y el planeta, que entonces resulta inobservable por su cercanía angular al astro.
Las conjunciones entre cuerpos brillantes son de los espectáculos más accesibles a simple vista. Las grandes conjunciones Júpiter-Saturno se repiten cada veinte años aproximadamente, y la Luna pasa cada mes cerca de los planetas visibles, ofreciendo escenas fotogénicas. Cuando un cuerpo llega a tapar a otro, la conjunción se convierte en una ocultación.