Un planeta está en oposición cuando la Tierra queda entre él y el Sol, formando un alineamiento aproximado Sol-Tierra-planeta. Vistos desde la Tierra, el planeta y el Sol ocupan entonces puntos opuestos del cielo: cuando uno se pone, el otro sale. Por eso el planeta es visible toda la noche, sale al atardecer, alcanza su punto más alto a medianoche y se pone al amanecer, lo que convierte la oposición en la mejor noche para observarlo.

Solo los planetas exteriores (de Marte hacia fuera) pueden estar en oposición; Mercurio y Venus, por moverse dentro de la órbita terrestre, nunca lo están y en su lugar muestran fases y elongaciones limitadas. En oposición la distancia al planeta es prácticamente la mínima posible, de modo que aparece con su mayor tamaño aparente y su máximo brillo. A menudo se suma el llamado efecto de oposición, un realce extra de luminosidad que se produce cuando iluminamos el cuerpo casi por detrás de nosotros y las sombras de su superficie quedan ocultas a nuestra línea de visión.

La frecuencia de las oposiciones depende del movimiento relativo de cada planeta. La Tierra, más rápida en su órbita, "adelanta" al planeta cada cierto periodo sinódico. Para los planetas lejanos, cuya órbita avanza muy despacio, ese intervalo es poco mayor de un año, así que tienen oposición casi anualmente. Para Marte, vecino y de velocidad parecida a la terrestre, la Tierra tarda mucho más en volver a alcanzarlo, de ahí su intervalo de unos 26 meses. Como las órbitas son elípticas, no todas las oposiciones son igual de favorables: las de Marte varían notablemente en distancia, dando lugar a las "grandes oposiciones", especialmente brillantes y muy esperadas por los observadores. La oposición es, junto a la conjunción, una de las configuraciones planetarias fundamentales y un momento clave del calendario astronómico.

Marte
≈ 26meses
entre oposiciones
Júpiter
≈ 13meses
Saturno
≈ 12,5meses
Neptuno
≈ 12meses